Argentina comienza a definir en elecciones si será Chile o Bolivia

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Argentina comienza a definir en elecciones si será Chile o Bolivia. El domingo comienza la carrera por la sucesión presidencial en unas primarias que han vuelto a polarizar al electorado.

Argentina elecciones

Por Mauricio Runno

Editor General

 

Democracia o no tanto. Libre mercado o estatismo a ultranza. Futuro o pasado. Nostalgia o esperanza. Por increíble que parezca estas categorías básicas son las que se ponen en juego en las elecciones primarias que desembocarán en el sucesor del presidente Mauricio Macri.

 

Cualquiera de los candidatos finalmente ocupará la Casa Rosada en diciembre próximo.

 

El populismo ha hecho estragos en Argentina, más allá de los desastres en economía. Y sus consecuencias culturales, entre otras cosas, no permiten avanzar en la resolución de temas urgentes de la agenda pública.

A cada nuevo paso por intentar son varios los resortes del pasado que reaccionan con inusitada prepotencia. Por fuera de la ley. O casi en su límite.

Y es comprensible para un país que no sabido respetar la democracia ni las instituciones. Una política de estado, en Argentina, es una noción tan lejana como el Japón. Una situación intolerable para un país que no produce riqueza hace varios años y que apenas discute la pobreza.

Mauricio Macri es el primer presidente desde 1928 que terminará su mandato constitucional no siendo ungido por el peronismo. Desde esta perspectiva su gestión cobra el vigor de una épica. Contradice la narrativa histórica de irrupciones y tragedias a la que fueron expuestos varios presidentes legítimos.

De hecho, el peronismo en la actual oposición no ha tomado suficiente aire para renovar sus cuadros dirigentes ni sus ideas. Y, ahora, propone lo de antes, lo sucedido desde 2003 a 2015, como si fuera lo nuevo. O peor aún: lo exitoso.

Frente al peronismo navega la fuerza política ideada por Macri, que ha demostrado ser un partido político con vocación de poder. Es una factoría electoral sorprendente. El PRO se ha convertido en su corta historia en una máquina de ganar. Y ha logrado triunfos impactantes, siempre a costa de derrotar al establishment del peronismo.

El candidato del populismo aggiornado, más Bolivia que Venezuela, Alberto Fernández ha debido sortear no pocos obstáculos en una campaña que comenzó bien para terminar desdibujada. Su archivo lo persigue como una condena. Y la unidad entre procesados por corrupción no ha sido el fuerte de su salto.

Macri, que sueña con la reelección, recurrió a un peronista de la vieja guardia, moderado, conciliador y pragmático, para mostrar el camino de lo que cree es la nueva Argentina. Es decir, un país como Chile con el potencial de Argentina. Lo integró a su fórmula. Y en caso de ser electa esta deberá responder con leyes imperiosas, tanto como los delanteros con goles.

 

El debate público en Argentina es viejo y pobre. La sorpresa sería que fuera distinto.

 

¿Por qué un país que ha caído tanto en gravitación debería ser innovador y próspero? Posiblemente nada represente mejor la decadencia argentina que la discusión sobre cómo seguir. Y al mismo tiempo, nada explique mejor esta encrucijada ante la reciente explosión de Mercado Libre en Wall Street, superando la cotización de e-Bay.

Algunos años atrás el horizonte era Australia o Canadá. Hoy, en cambio, se debate entre modelar una versión menos folklórica de Bolivia o bien un formato estructurado y previsible, como el de Chile.

La elección del domingo también registrará el poderío afectivo de la nación. Vivir de la nostalgia o diseñar alguna clase de esperanza. Lo malo conocido o lo bueno por conocer.

 

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